Historia del Reiki

Descubierto por Mikao Usui

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No existe documentación escrita de los primeros origenes del Reiki, la infromación se ha transmitido de maestro a maestro de forma piramidal, distorsionádose, por tanto, y dejando diferentes versiones sobre el origen del Reiki, aunque todas coinciden en lo básico.

El ancestral método de sanación natural, que ha sido bautizado con el nombre de Reiki, fue descubierto a principios del siglo XX (1922) por Mikao Usui Sensei, monje budista laico y Maestro espiritual de la ciudad de Kioto, Japón.

Mikao Usui nació el 15 de agosto de 1865 en el sur de Japón, en una familia ilustre, bien aco­modada y muy devota de la doctrina de Gautama Siddharta y que seguía con anhelo las enseñanzas del Buda. Desde muy joven conoció la vida y to­das las historias referentes a la búsqueda de la verdad y de la iluminación de Buda; esto le fascinaba y deseaba imitarlo.

Mikao Usui se sintió fuertemente atraído y seducido por el amor y la comprensión que irradiaban las enseñanzas y la per­sonalidad de Buda, y por las capacidades de sanación que ad­quirió después de alcanzar la iluminación. 

Después de casarse y haber tenido dos hijos, dejó su hogar. Su necesidad de alcanzar el método para sanar el cuerpo, la mente y el alma como lo hacía Buda, llevó a Usui a viajar por los lugares sagrados budistas de Japón en su búsqueda sin descanso.

Tras largas peregrinaciones y búsqueda, sus esfuerzos se vie­ron coronados con el éxito cuando entabló relación con un viejo abad de un monasterio zen cerca de Kioto, quien se interesó en su búsqueda. Estuvo más de tres años en dicho monasterio, y un día, siguiendo el consejo de su viejo amigo abad, Mikao Usui se retiró al sagrado monte Kurama, no muy lejos de allí, para hacer ayuno absoluto y meditación hasta alcanzar su objetivo. Una vez llegado al monte, alineó delante de él piedras en gru­pos de siete, y al final de cada día arrojaba una para ir marcando el tiempo transcurrido.

Al amanecer del vigésimo primer día, percibió un rayo luminoso y brillante dirigirse velozmente hacia él. Pese a su miedo inicial, decidió no moverse. Usui pensó que iba a morir cuando entró en un estado de supraconciencia y de pronto observó pequeñas burbujas multicolores de to­dos los tonos del arcoíris. Una voz que venía desde su interior le habló: «Recuerda, recuerda, recuerda… Tú eres eso». De esa forma, Usui Sensei alcanzó el estado que los japoneses llaman «Satori»; es decir, el estado de re­alización del Ser, la iluminación.

Así, como consecuencia de esa experiencia Mikao se volvió uno con la Energía Universal. Así nació la forma ac­tual del Reiki, un regalo que el Maestro Usui recibió y que deci­dió compartir con el mundo, así recibió su sintonización con el Reiki y obtuvo el Conocimiento de sí mismo.

Usui decidió entonces dejar la montaña, con la intención de contarle lo sucedido a su viejo amigo el abad. Durante el descenso, yendo descalzo y con las prisas, se hirió en un pie, provocando que el dedo pulgar sangrara. Desgarrado por el do­lor, se agarró el pie durante algunos minutos, canalizando ener­gía del Reiki hacia su dedo. El dolor se calmó casi de inmediato y la hemorragia se detuvo. Su propia curación sería la primera de una larga serie de curaciones.

Posteriormente, se detuvo en una posada donde comió y curó a la nieta del po­sadero de un fuerte dolor de muelas a cambio de la cena. Esta sería la primera sanación que realizaría a otra persona. Esa misma tarde Usui volvió al monasterio de Kioto, donde ayudó al abad a vencer los dolores de una violenta crisis de ar­tritis y un fuerte dolor de espalda que lo mantenía en cama.

Al cabo de algunos días y con la bendición delo abad, decidió ir a los barrios bajos de Kioto para sanar a los mendigos y ayudarles a vivir en mejores condiciones. Después de varios meses ayudando de manera gratuita a las personas, comprobó que una vez sanados, en lugar de trabajar, muchos volvían a su antiguao método de vida. A algunos les preguntó por qué habían renunciado a su nueva vida, y ellos le respondían que trabajar era demasiado fatigoso y preferían la vida de mendigo porque les resultaba más có­moda.

Esta respuesta hizo reflexionar a Mikao Usui. Los monjes tenían razón: «El desarrollo del es­píritu es lo prioritario y el cuerpo le sigue después». Rehusó en­tonces tratar gratuitamente a los mendigos por su falta de apre­ciación y comprendió que se había limitado a sanar sus cuerpos, sin enseñarles a ser agradecidos con sus vidas y sin proporcionarles una solución radical a sus problemas. Usui se dio cuenta que no podría lograr curaciones reales sin encauzar el espíritu de sus pacientes. 

Poco tiempo después, Usui decidió abandonar definitiva­mente el gueto y volver a Kioto, donde comenzó a recorrer con una antorcha en la mano, a plena luz del día, las calles de la ciu­dad. Cuando le preguntaban por qué hacía eso siendo de día, respondía que buscaba personas en busca de la Luz de la cual él era portador, personas realmente dispuestas a curarse, y que una antorcha ardiendo podía encender muchas apagadas. A partir de ese momento comienza la última fase de su vida, viajando por todo Japón, dedicándose por entero a la enseñanza de la meditación y del método curativo con Reiki. Con este pro­pósito creó una clínica en Tokio.

Usui Sensei murió el 9 de marzo de 1926 durante uno de sus cursos, y se encuentra ahora enterrado en el templo budista de Saihoji en Tokio. La historia de su vida, cuyos principales suce­sos se acaban de resumir, se encuentra grabada sobre su lápida funeraria, que ha sido descubierta a finales del siglo pasado. 

Gracias a las investigaciones de Hayashi (un discípulo de Mikao Usui), sabemos que el Reiki llega en primer lugar a descubrir en el individuo la causa primera de sus síntomas físicos. Luego, a remediar sus carencias energéticas y, finalmente, devuelve el equilibrio global. 

Fuente: reikiunificado